Los blanquiazules recuperan efectivos para
recibir el domingo a mediodía a un Zamora
enrabietado por su mala dinámica, con el doble
objetivo de poner fin a la ausencia de triunfos
como locales en el año en curso y marcar
distancias con la zona peligrosa

Arranca un mes clave para el Real Avilés, que
afrontará varios compromisos ante rivales de “su
liga”, empezando por un Zamora que es el mejor
clasificado de todos ellos, cuatro puntos por
encima de los avilesinos pero atravesando una
clara fase depresiva que de no revertirse podría
obligarle a mirar más para abajo que para
arriba.
Hacia arriba quieren mirar los blanquiazules
para marcar distancias con la zona de peligro y
la del domingo es una buena oportunidad para
volver a sumar de tres en tres tras dos empates
hasta cierto punto balsámicos ante Castilla y
Tenerife. De la isla volvieron sin damnificados,
aunque con Osky todavía sin estar al 100% y con
Rivera en plan heroico tras sufrir un cólico
nefrítico en las horas previas al partido.
No se espera el regreso de ninguno de los
lesionados, Eze y Guzmán llegan justos y podrían
entrar en la convocatoria para tapar alguna
urgencia. Los que sí volverán serán los tres que
cumplieron sanción, con opciones para Campabadal
e Isi Ros en los carriles y para Kevin Bautista
bien en la mediapunta o bien en la base de un
centro del campo en el que hay abierta
competencia. “Benditas dudas” de mediocampo
hacia adelante para confeccionar un once en el
que también está por ver el dibujo táctico y las
posibles mutaciones a lo largo del partido.




Dani Vidal intenta aislarse de la importancia de
los puntos en juego, pues “las sensaciones del
equipo me hacen estar muy tranquilo”, y tampoco
le da mayor relevancia a la situación del
Zamora, un equipo “peligroso”, con un
“entrenador experimentado y plantilla de
muchísimo nivel”. En el Ruta de la Plata “les
hicimos un buen partido remontando al final” y
ve a los suyos capacitados para volver a ganar.
Con independencia del rival, “nuestra mentalidad
es siempre ir a por los tres puntos”; los
blanquiazules llevan tiempo sin conseguirlo y
“lo vamos a poner todo” para darle una alegría a
la gente, que “nos está ayudando y empujando”.
El rival: temporada convulsa
El Zamora era considerado por la mayoría como un
equipo diseñado para pelear el playoff, pero su
titubeante inicio desencadenó en la destitución
de Juan Sabas en la décima jornada. Óscar Cano
tomó las riendas y encontró su mejor momento
entre finales de noviembre y principios de
enero, logrando cinco victorias en seis
partidos, pero a partir de entonces el equipo se
le ha ido cayendo y está buscando el “clic”
necesario para volver a una dinámica positiva.




Actualmente se encuentran a tiro de tres de la
zona de playoff, pero la racha de cuatro
partidos sin ganar, con dos puntos sobre los
doce posibles, ha vuelto a generar un clima de
desasosiego. El grupo inversor, con Javier Paez
Ruiz de Lopera a la cabeza, mantiene la
confianza en la plantilla y espera que el mes de
marzo sea definitorio para saber por qué van a
luchar en el último tramo de competición.
A la vista de las últimas declaraciones de
entrenador y capitanes, la situación está más
cercana a la crisis que a la ilusión por volver
a los puestos de privilegio. Óscar Cano habló de
“sensaciones malas” y “falta de espíritu” en su
comparecencia posterior al empate ante el
Guadalajara y Carlos Ramos, uno de los
capitanes, llegó a sentenciar que “no se puede
caer más bajo en cuanto a fútbol”.
Panorama bien distinto al que reinaba en el
último precedente de enfrentamiento entre
avilesinos y zamoranos en tierras asturianas,
con los rojiblancos peleando por un ascenso que
finalmente lograron vía playoff. En aquel duelo
de marzo del 24, los visitantes tiraron de
oficio para vencer por 0-1, con gol de Luismi
Luengo, el único superviviente en la actual
plantilla junto a su indiscutible cancerbero
Fermín Sobrón.
Para la cita del domingo pierden por sanción a
su habitual lateral izquierdo Dani Merchán y
seguirán sin poder contar con el delantero Josh
Farrell, recuperándose de un edema óseo. Dentro
de un vestuario en el que las aguas no bajan
demasiado tranquilas, el que más parece tirar
del carro es el veterano Kike Márquez, que suma
ocho goles y cinco asistencias, mientras que
entre los tres incorporados en invierno el que
más está aportando es el extremo Abde Damar.