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Resistencia desde la base (2). Edad Benjamín y anteriores

Jueves 17 de Octubre de 2013
Carlos S. Calleja
@cscalleja

Toda vez iniciadas en la semana anterior las generalidades relativas a los trabajos de resistencia (consultar en esta web) entramos ahora en lo relativo a la diferenciación por edades. Intentaremos realizar un recorrido de ideas claras que nos permitan desarrollar trabajos sencillos con nuestros equipos. Lo suficientemente concretas para no errar en nuestros planteamientos, pero lo suficientemente abiertas para poder amoldarlo a la realidad de nuestro club, escuela o equipo.

Ni que decir tiene que quedo a la disposición de cualquier comentario o sugerencia para el crecimiento mutuo (todos debemos y queremos aprender) de cara a el desarrollo de las siguientes entradas.  

Clave en el trabajo: reconocer las fases sensibles 

Comencemos con este recorrido por las diferentes etapas de formación de nuestros chicos/as a través de las cuales intentaremos analizar de una manera sencilla cuáles son las características físicas, reconocer las psicoevolutivas y, a partir de ellas, promover aprendizajes aprovechando lo que denominaremos fases sensibles. Para mí, algo que es fundamental. 

Entenderemos por fase sensible el periodo evolutivo en el que el desarrollo del jugador/a presenta una especial querencia a trabajar una capacidad o cualidad física. Hay una entrenabilidad muy favorable para una capacidad motora (R. Winter).

Es decir, en ese periodo trabajar esa capacidad va a hacer que haya un mayor aprovechamiento del trabajo.

Por ello es muy importante conocer estas fases sensibles, para a partir de ellas programar los diferentes trabajos en el entrenamiento. 

La labor del preparador físico en la escuela delimitando estas fases y el objetivo y características de las tareas es fundamental. A partir de ello podemos coordinar con el entrenador trabajos específicos de mejora técnica, táctica y/o estratégica.

El no aprovechamiento de dichas fases sensibles puede hacer que el aprendizaje en edades posteriores sea más difícil, más lento.

Otro aspecto fundamental que debemos tener en cuenta en este aprovechamiento de las fases sensibles es la necesidad de un desarrollo físico para paralelamente promover una mejora futbolística.

Los trabajos que desarrollan las capacidades físicas básicas (fuerza, resistencia, flexibilidad, velocidad) no sólo van a hacer de nuestros jugadores “seres” más fuertes, más rápidos, más flexibles… sino que eso va a servir de base para que puedan enfrentarse a aprendizajes técnicos aumentando enormemente las posibilidades de éxitos.

La resistencia de base, por ejemplo, a va a permitirle enfrentarse a los juegos, trabajos técnicos, partidos… con una mayor garantía de eficacia.

De esto se derivan dos ideas:

1º Evitar entender sólo la preparación física en el desarrollo del chaval (“horizontalmente hablando”) como un trabajo aislado paralelo al técnico, táctico o estratégico

2º Evitar plantear tareas donde los trabajos de preparación física, técnica, táctica o estratégica aparezcan en compartimentos estanco en los entrenamientos (planificación vertical).

 

El futbolista hasta los 8 años en el trabajo de resistencia  

Analizando el desarrollo de nuestros jugadores/as comprobamos como la resistencia puede trabajarse desde los 5 años (como Alfonso Blanco, 1994) y aunque se produce una alta mejora con los 11-13 años y se alcanzan los mejores valores absolutos a los 15-18 (dentro del crecimiento ya que esta “agradecida” capacidad puede tener valores crecientes hasta la treintena según estudios) cabe recordar que a los 7-8 años se produce una fase sensible en beneficio de su trabajo ya que hay un claro aumento del desarrollo de la fuerza a nivel de coordinación intramuscular (ver artículo Suárez Calleja, C: “El trabajo de la fuerza en el fútbol base 1: benjamines”) convirtiéndose en una óptima edad para el trabajo de la resistencia combinado con el de la fuerza, así se expresa  el doctor Avery Faigenbaum, profesor en el departamento de Salud y Ciencias del Ejercicio de la Universidad de New Jersey (EE.UU) afirmando que "en general, cuando un niño de entre 7 y 8 años es apto para participar en algún tipo de deporte, también lo será para iniciarse en el entrenamiento de fuerza y resistencia muscular".

Así pues, estamos en una edad para ejercicios continuados con fases de leve trabajo intenso o explosivo.
 

Idea 1: 7-8 años, buena edad para el trabajo de la resistencia general porque hay una mejora de la fuerza intramuscular que le hará tener más capacidad para resistir a los esfuerzos (definición de resistencia)

Este trabajo debemos dejar que sea auto regulado por el jugador, evitando series controladas y – en todo caso – que excedan de los 7’’ ya que no estamos en una edad donde se deba abusar de la resistencia anaeróbica por su baja tolerancia al lactato.
 

Idea 2: Evitar cargas controladas (tipo series) y dejar cierta auto regulación de los chicos/as

Evitemos una preocupación por el rendimiento físico centrado en test, competiciones que buscan medir su capacidad, etc.
 

Idea 3: Evitar asociar resistencia como fin en el rendimiento, mejor como medio de trabajo para fútbol

Este desarrollo de la resistencia debe platearse de modo paralelo a un trabajo coordinativo y de habilidades específicas -técnicas- (fase sensible a los 7-8 años) en la que muchos autores coinciden que a partir de esta edad es un momento óptimo para trabajar los aspectos técnicos con especial intensidad.
 

Idea 4: Asociar el trabajo de resistencia a tareas de fútbol

Propuesta metodológica desde la globalidad

Con todo ello se nos antoja fundamental el trabajo integrado de la resistencia dentro del entrenamiento. 

Sería interesante promover una predominancia de las formas lúdicas y jugadas tanto en situaciones específicas (juego de fútbol) con otras que favorecen aprendizajes (por ejemplo: juegos con la mano, de persecución, etc. para trabajar conceptos de marcajes – desmarques).

En este sentido es especialmente determinante promover aprendizajes sencillos ya que estamos en una edad en la que el niño/a le cuesta comprender grandes retos tácticos. Así planteamientos duales básicos como: ataque – defensa, marcaje – desmarque, etc. son muy interesantes por concretos. 

Juegos duración media en la que permitamos a los alumnos una autorregulación (si quiere caminar un rato, no debemos forzarle a un trabajo exigente). Nada mejor para el trabajo de resistencia que acciones organizativas como que siempre haya un balón disponible en los juegos para evitar paradas, no promover pausas innecesarias, etc. Aumentar el tiempo efectivo. 

Fomentar tareas basadas en: 

*     Juegos globales, trabajos en situaciones reales

*     Formas jugadas, extraer acciones específicas de juego al entreno promoviendo descubrimientos guiados más que órdenes directas

*     Trabajo técnico, ejercicios que mejoren una o varias acciones técnicas, prisma lúdico.

Otras formas lúdicas no específicas, alejadas de los parámetros técnicos del fútbol pero con una aplicación directa en su juego.

 

 

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