Toda vez iniciadas en la
semana anterior las
generalidades relativas a
los trabajos de resistencia
(consultar en esta web)
entramos ahora en lo
relativo a la diferenciación
por edades. Intentaremos
realizar un recorrido de
ideas claras que nos
permitan desarrollar
trabajos sencillos con
nuestros equipos. Lo
suficientemente concretas
para no errar en nuestros
planteamientos, pero lo
suficientemente abiertas
para poder amoldarlo a la
realidad de nuestro club,
escuela o equipo.
Ni que decir tiene que
quedo a la disposición
de cualquier comentario
o sugerencia para el
crecimiento mutuo (todos
debemos y queremos
aprender) de cara a el
desarrollo de las
siguientes entradas.
Clave en el trabajo:
reconocer las fases
sensibles
Comencemos con este
recorrido por las
diferentes etapas de
formación de nuestros
chicos/as a través de
las cuales intentaremos
analizar de una manera
sencilla cuáles son las
características
físicas, reconocer
las psicoevolutivas
y, a partir de ellas,
promover aprendizajes
aprovechando lo que
denominaremos
fases sensibles.
Para mí, algo que es
fundamental.
Entenderemos por fase
sensible el periodo
evolutivo en el que el
desarrollo del jugador/a
presenta una especial
querencia a trabajar una
capacidad o cualidad
física. Hay una
entrenabilidad muy
favorable para una
capacidad motora (R.
Winter).
Es decir, en ese periodo
trabajar esa capacidad
va a hacer que haya un
mayor aprovechamiento
del trabajo.
Por ello es muy
importante conocer estas
fases sensibles, para a
partir de ellas
programar los diferentes
trabajos en el
entrenamiento.
La labor del
preparador físico en
la escuela delimitando
estas fases y el
objetivo y
características de las
tareas es fundamental. A
partir de ello podemos
coordinar con el
entrenador trabajos
específicos de mejora
técnica, táctica y/o
estratégica.
El
no aprovechamiento de
dichas fases sensibles
puede hacer que el
aprendizaje en edades
posteriores sea más
difícil, más lento.
Otro aspecto fundamental
que debemos tener en
cuenta en este
aprovechamiento de las
fases sensibles es la
necesidad de un
desarrollo físico para
paralelamente promover
una mejora futbolística.
Los trabajos que
desarrollan las
capacidades físicas
básicas (fuerza,
resistencia,
flexibilidad, velocidad)
no sólo van a hacer de
nuestros jugadores
“seres” más fuertes, más
rápidos, más flexibles…
sino que eso va a
servir de base para
que puedan enfrentarse a
aprendizajes técnicos
aumentando enormemente
las posibilidades de
éxitos.
La resistencia de base,
por ejemplo, a va a
permitirle enfrentarse a
los juegos, trabajos
técnicos, partidos… con
una mayor garantía de
eficacia.
De esto se derivan dos
ideas:
1º Evitar entender sólo
la preparación física en
el desarrollo del chaval
(“horizontalmente
hablando”) como un
trabajo aislado paralelo
al técnico, táctico o
estratégico
2º Evitar plantear
tareas donde los
trabajos de preparación
física, técnica, táctica
o estratégica aparezcan
en compartimentos
estanco en los
entrenamientos
(planificación
vertical).

El futbolista hasta
los 8 años en el
trabajo de resistencia
Analizando el desarrollo
de nuestros jugadores/as
comprobamos como la
resistencia puede
trabajarse desde los 5
años (como Alfonso
Blanco, 1994) y
aunque se produce una
alta mejora con los
11-13 años y se alcanzan
los mejores valores
absolutos a los 15-18
(dentro del crecimiento
ya que esta “agradecida”
capacidad puede tener
valores crecientes hasta
la treintena según
estudios) cabe recordar
que a los 7-8 años se
produce una fase
sensible en beneficio de
su trabajo ya que hay un
claro aumento del
desarrollo de la fuerza
a nivel de coordinación
intramuscular (ver
artículo Suárez
Calleja, C: “El
trabajo de la fuerza en
el fútbol base 1:
benjamines”)
convirtiéndose en una
óptima edad para el
trabajo de la
resistencia combinado
con el de la fuerza, así
se expresa el
doctor Avery
Faigenbaum, profesor
en el departamento de
Salud y Ciencias del
Ejercicio de la
Universidad de New
Jersey (EE.UU)
afirmando que "en
general, cuando un niño
de entre 7 y 8 años es
apto para participar en
algún tipo de deporte,
también lo será para
iniciarse en el
entrenamiento de fuerza
y resistencia muscular".
Así pues, estamos en una
edad para ejercicios
continuados con fases de
leve trabajo intenso o
explosivo.
Idea 1:
7-8 años, buena edad
para el trabajo de
la resistencia
general porque hay
una mejora de la
fuerza intramuscular
que le hará tener
más capacidad para
resistir a los
esfuerzos
(definición de
resistencia)
Este trabajo debemos
dejar que sea auto
regulado por el
jugador, evitando series
controladas y – en todo
caso – que excedan de
los 7’’ ya que no
estamos en una edad
donde se deba abusar de
la resistencia
anaeróbica por su baja
tolerancia al lactato.
Idea 2:
Evitar cargas
controladas (tipo
series) y dejar
cierta auto
regulación de los
chicos/as
Evitemos una
preocupación por el
rendimiento físico
centrado en test,
competiciones que buscan
medir su capacidad, etc.
Idea 3:
Evitar asociar
resistencia como fin
en el rendimiento,
mejor como medio de
trabajo para fútbol
Este desarrollo de la
resistencia debe
platearse de modo
paralelo a un trabajo
coordinativo y de
habilidades específicas
-técnicas- (fase
sensible a los 7-8 años)
en la que muchos autores
coinciden que a partir
de esta edad es un
momento óptimo para
trabajar los aspectos
técnicos con especial
intensidad.
Idea 4:
Asociar el trabajo
de resistencia a
tareas de fútbol
Propuesta metodológica
desde la globalidad
Con todo ello se nos
antoja fundamental el
trabajo integrado de
la resistencia dentro
del entrenamiento.
Sería interesante
promover una
predominancia de las
formas lúdicas y jugadas
tanto en situaciones
específicas (juego de
fútbol) con otras que
favorecen aprendizajes
(por ejemplo: juegos con
la mano, de persecución,
etc. para trabajar
conceptos de marcajes –
desmarques).
En este sentido es
especialmente
determinante promover
aprendizajes sencillos
ya que estamos en una
edad en la que el niño/a
le cuesta comprender
grandes retos tácticos.
Así planteamientos
duales básicos como:
ataque – defensa,
marcaje – desmarque, etc.
son muy interesantes por
concretos.
Juegos duración media en
la que permitamos a los
alumnos una
autorregulación (si
quiere caminar un rato,
no debemos forzarle a un
trabajo exigente). Nada
mejor para el trabajo de
resistencia que acciones
organizativas como que
siempre haya un balón
disponible en los juegos
para evitar paradas, no
promover pausas
innecesarias, etc.
Aumentar el tiempo
efectivo.
Fomentar tareas basadas
en:
Juegos globales,
trabajos en situaciones
reales
Formas jugadas,
extraer acciones
específicas de juego al
entreno promoviendo
descubrimientos guiados
más que órdenes directas
Trabajo técnico,
ejercicios que mejoren
una o varias acciones
técnicas, prisma lúdico.
Otras formas lúdicas no
específicas,
alejadas de los
parámetros técnicos del
fútbol pero con una
aplicación directa en su
juego.
